
Venecia en la literatura:
Se ha escrito más sobre Venecia que sobre la mayoría de las otras ciudades del mundo. En 1364 Petrarca la halló "rica en oro,
pero más rica aún en fama". En 1786 Goethe opinaba que esta ciudad no
podía compararse a ninguna otra. En 1789 Ernst Moritz Arndt se enfadó
por los "aspectos y olores repugnantes". En 1844 Charles Dickens se
entusiasmaba diciendo que la realidad de Venecia "superaba la capacidad
imaginativa del más fantástico soñador", y en 1913 Thomas Mann llamó a
Venecia "la más inverosímil de las ciudades".
Los siglos XIX y XX
apenas habían dejado huella en Venecia. Al pasear por sus calles, el
visitante actual todavía disfrutaba de una sucesión de vistas muy
similares a cómo las pintó Canaletto en el siglo XVIII. (John Berendt, La ciudad de los ángeles caídos)
Comprendía por qué tantas historias ambientadas en Venecia eran de misterio. Umbríos canales traseros y laberínticos pasajes donde incluso los iniciados se perdían alguna vez conjuraban con facilidad las atmósferas más siniestras. Reflejos, espejos y máscaras sugerían que las cosas no eran lo que aparentaban. Jardines escondidos, ventanas cerradas y voces invisibles hablaban de secretos y posiblemente de lo oculto. Arcos de estilo morisco recordaban que al fin y al cabo, la insondable mente oriental había tomado parte en todo esto.
El saqueo del ejército de Napoleón:
La muerte de Venecia se había predicho, declarado y lamentado durante doscientos años, desde que en 1797 Napoleón puso de rodillas a la otrora poderosa República Veneciana. En el apogeo de su gloria, Venecia había sido la máxima potencia marítima del mundo. Sus dominios se extendían desde los Alpes a Constantinopla y su riqueza no conocía parangón. La variedad arquitectónica de sus palacios -bizantinos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos- reflejaba una estética en constante desarrollo moldeada por un millón de conquistas y la acumulación de sus respectivos botines.
Pero en el siglo XVIII Venecia se había entregado al hedonismo y la
disipación: bailes de máscaras, mesas de juego, prostitución y
corrupción. La clase gobernante abandonó sus responsabilidades y el
Estado se debilitó, impotente para resistir el acecho del ejército
napoleónico. El Gran Concejo de la República Veneciana votó su propia
disolución el 12 de mayo de 1797 y el último en la línea de ciento
veinte dux dimitió. Desde entonces no ha habido dux en el palacio Ducal,
ni Consejo de los Diez en la Cámara del Gran Consejo, ni constructores
navales que fabricaran buques de guerra en el Arsenal ni prisioneros que
arrastraran sus pies por el puente de los Suspiros de camino a las
mazmorras.
"¡Seré un Atila para el Estado veneciano!", había bramado Napoleón en
italiano para que no cupieran malentendidos. Cumplió su palabra. Sus
hombres saquearon el tesoro veneciano, destruyeron montones de
edificios, arrancaron piedras preciosas de sus nichos, fundieron objetos
de oro y plata y se llevaron cuadros de primerísimo orden para
exponerlos en el Louvre y en el Museo Brera de Milán.
(John Berendt)
La muerte de Venecia se había predicho, declarado y lamentado durante doscientos años, desde que en 1797 Napoleón puso de rodillas a la otrora poderosa República Veneciana. En el apogeo de su gloria, Venecia había sido la máxima potencia marítima del mundo. Sus dominios se extendían desde los Alpes a Constantinopla y su riqueza no conocía parangón. La variedad arquitectónica de sus palacios -bizantinos, góticos, renacentistas, barrocos, neoclásicos- reflejaba una estética en constante desarrollo moldeada por un millón de conquistas y la acumulación de sus respectivos botines.
De los 400 puentes que cruzan los canales son famosos el puente de los Suspiros (fines s.XVI) y el de Rialto. El primero, comunica el Palacio Ducal con la antigua cárcel del estado. El segundo, con sus 21 m de largo, salva el Gran Canal y comunica la isla de San Marcos con el barrio antiguo de Rialto. El campanario más antiguo es el de San Geremia (s.XI); pero es más famoso el de San Marco, cuya torre primitiva se vino abajo (1902) y fue restaurada en 1912. Uno de los monumentos más bellos es la estatua ecuestre de Bartolomeo Colleoni, obra del Verrocchio. En la Piazzetta di San Marco se alzan dos columnas antiguas traídas de Egipto en el s.XII, coronadas por un león de bronce y por la estatua de san Teodoro, sobre un cocodrilo. Las scuole o casas gremiales poseeen gran interés arquitectónico. Destacan la Scuola di santa Maria della Carità, la de San Giovanni Evangelista, la de San Teodoro, la de la Misericordia, la de San Marco y la de san Rocco, que posee un espléndido grupo pictórico de Tintoretto. El arsenal, empezado a principios del s.XII y ampliado en los ss. XIV, XV y XVI, con sus cuatro leones de mármol traídos de Atenas que guardan su fachada.
Un recorrido de la ciudad de los canales a través de la literatura de un amante de su belleza :

"Venecia es en verdad la Venecia de los sueños", escribió Henry James el 21 de septiembre de 1869 en una carta a su amigo John LaFargue. Acababa de llegar a la ciudad y se hospedaba en el hotel Barbesi. Tenía veintiséis años. Cuarenta años después se marchó, dejando los salones del Palazzo Barbaro "más adorables que nunca". El hotel Barbesi se encontraba en San Samuele y tenía unas maravillosas vistas al Gran Canal. La luminosidad de Venecia, sus callejuelas, góndolas, campos, palazzos y canales hechizaron al joven James. En aquella época, la colonia de expatriados británicos y estadounidenses era muy numerosa. Habitaban señoriales palazzos y se dejaban llevar por el ritmo decadente de la ciudad. Henry James pronto cambió su alojamiento en el hotel por las maravillosas estancias del Palazzino Alvisi (frente a la iglesia de Santa Maria della Salute, propiedad de Katharine y Arthur Bronson) y más tarde por el Palazzo Barbaro, junto al Gran Canal, magníficamente restaurado por Daniel y Ariana Curtis y cuya presencia es palpable en toda la obra de James.
MALETA LITERARIA:
- Venecia, de Jan Morris. El día en que, a finales de los años cincuenta, Jan Morris llegó a Venecia quedó total y absolutamente cautivada de la ciudad flotante que le salió al paso por entre la bruma. De ahí que escribiera uno de los frescos más deliciosos y completos sobre la cludad, cargado de anécdotas y curiosidades de la Serenísima y de les venecianos.
- La ciudad de los Ángeles caídos, de Jon Berendt. Impresionante descripción de Venecia, de sus suntuosos palacios y sus callejuelas, y de los venecianos. Pero detrás de esa preciosa fachada se esconde la tragedia y un misterio: el incendio de la Ópera de la Fenice.
- La muerte en Venecia, de Thomas Mann. La historia de Aschenbach, un alma agotada, capaz de sobrevivir sólo en el artificio, que descubre la belleza espontánea en un adolescente llamado Tadzio. Exquisita y emotiva.
- La Pasión, de Jeanette Winterson. En esta pequeña gran novelita, impecablemente ambientada en la decadente Serenísima de la época napoleónica, un joven galo al servicio del Emperador se enamora de una muchacha pelirroja de pies amorfos que se vende a hombres y mujeres para sobrevivir. Lo que les une va más allá de los canales y las palabras. Exquisita.
- Acqua Alta, de Donna Leon. Ésta porque el título me viene al pelucón, pero cualquiera de las aventuras del comisario Brunetti es una inmersión en una Venecia que poco tiene de onírica y mucho de sórdida y real: la Venecia del crimen, los secuestros, la corrupción…
- El libro flotante, de Michelle Lovric. La hermosa y pérfida mujer de un médico judío se mueve a placer por la ciudad para saciar su sed de placeres ilícitos con hombres de toda ralea en la Venecia del S. XV, justo cuando acaba de llegar de Alemania la primera imprenta.
- Fábula de Venecia, de Hugo Pratt. El historietista veneciano disecciona en viñetas la Venecia más legendaria, mágica y hermética a través de un guía de lujo: el mismísimo Corto Maltés. Cargada de referencias simbólicas y lugares reales, este volumen es un impagable paseo por la Serenísima.
Hola, en mi libro "Génesis. Crónica de un amor" también desarrollo unos capítulos en Venecia, concretamente en el siglo XVIII y me encantó escribirlo, aprender sus calles y sus palacetes, dar una vuelta por sus canales...vamos una maravilla. Por si te apetece está en Amazon. Un saludo. ECN.
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