" La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma contesta." André Maurois (1885-1967). Novelista y ensayista francés.
Biblioteca
miércoles, 15 de marzo de 2023
Ana Karenina
miércoles, 22 de febrero de 2023
El doctor Zhivago
sábado, 22 de enero de 2022
El poema de Gilgamesh
sábado, 20 de noviembre de 2021
La malcasada
viernes, 15 de octubre de 2021
La Odisea
viernes, 3 de septiembre de 2021
Adiós a la reina
miércoles, 30 de junio de 2021
Sinuhé, el egipcio
domingo, 13 de septiembre de 2020
Carta de una desconocida
Carta de una desconocida (1922) cuenta una historia de amor imposible: el de una mujer de origen humilde que se enamora siendo aún una niña de un escritor atractivo e inaccesible y que desde ese momento vivirá sólo por él y para él. El amor de la protagonista será un amor extremo, obsesivo, un amor que le acompañará toda la vida y que lo arrastrará todo: su hijo, sus relaciones con su familia y con otras personas, hasta su estatus económico. Todo quedará en segundo plano por ser fiel a este amor no correspondido. El amor intenso, trágico, de una generosidad sin límites de esta mujer, tiene su contrapunto en el seductor, el hombre que vive con vehemencia el momento pero que es incapaz de darle a su pasión consistencia en el tiempo (ni puede darle futuro, ni cuenta para él como pasado). El seductor juega, ama (en realidad no hay maldad en él), vive su libertad (la libertad de la que su enamorada carece) y olvida.
"Quiero contarte toda mi vida, esta vida mía que en realidad comenzó en día en que te conocí. Antes no hubo en ella sino algo turbio, y fue como un rincón cualquiera lleno de cosas y hombres torpes, cubierto de polvo y telarañas, de los cuales mi corazón no sabe nada. Cuando tú llegaste, yo tenía trece años y vivía en la misma casa que habitas tú ahora, en la misma casa en la que tienes tú ahora esta carta entre tus manos, como el último aliento de mi vida; vivía en el mismo pasillo, justamente enfrente de tu cuarto. Seguramente ya no te acuerdas de nosotras, de la pobre viuda de un empleado ( siempre iba vestida de luto) y de su delgada niña. Vivíamos tranquilamente, casi sumergidas en nuestra pobreza de pequeñas burguesas. Tal vez nunca hayas oído nuestros nombres, pues no teníamos ninguna chapa en la puerta, y nadie nos visitaba ni preguntaba por nosotras. Es verdad también que ya hace mucho tiempo de esto: quince, dieciséis años; no, seguramente tú no lo recuerdas, querido mío; pero yo, yo me acuerdo apasionadamente de cada detalle y tengo presente como si fuese hoy, el día, mejor dicho la hora, en que oí hablar de ti por primera vez y en que por primera vez te vi; ¡y cómo no recordarlo, si entonces empezó para mí la vida! Consiente, querido, en que te lo cuente todo, todo, desde el principio, te lo suplico, y no te fastidies de oír mi relato, durante un cuarto de hora, pues yo no me he cansado de quererte durante toda mi vida."
El austriaco Stefan Zweig es uno de esos escritores cuya vida es seguramente tan interesante como su obra. Zweig se relacionó con toda la intelectualidad de su tiempo y mantuvo siempre una actitud de independencia ante los acontecimientos políticos que se desarrollaron en las décadas de los 30 y los 40. Antinacionalista y antibelicista, su obra fue prohibida y tuvo que emigrar durante el mandato de Hitler. En 1942, al ver la forma en la que el nazismo estaba extendiéndose y convencido del fin inexorable de la cultura y la libertad se suicidó junto a su segunda esposa.
domingo, 28 de junio de 2020
Sab
viernes, 13 de diciembre de 2019
Querida María Antonieta
sábado, 6 de julio de 2019
El largo viaje
miércoles, 12 de junio de 2019
Manhattan Transfer
sábado, 21 de julio de 2018
El unicornio
martes, 10 de julio de 2018
Bomarzo
Permanecía en suspenso, como quien acaba de ser testigo de una revelación. Al muchacho se le había ocurrido lo obvio. Quizás porque era demasiado obvio, porque lo tenía excesivamente cerca y me faltaba la perspectiva para apreciarlo, necesité que otro me lo dijera. Eso, que me había rondado en vano, esforzándose para que lo comprendiera, salía de pronto a la transparencia de la tarde. Me puse de pie, como si me cegara la brusca claridad, y me apoyé en un tronco. Veía por fin lo que debía hacer. Mi tema y yo nos habíamos encontrado y formábamos desde ese segundo una indestructible unidad. Mi vida… mi vida transfigurada en símbolos.., salvada para las centurias.., eterna… imperecedera… He ahí lo que debía relatar en Bomarzo, pero, no a través de los frescos efímeros de Jacopo del Luca, cuya posibilidad quedaría abandonada para siempre en el entrecruzamiento de los andamios, en una desierta galería del castillo, sino utilizando las rocas perennes del bosque. El bosque sería el Sacro Bosque de Bomarzo, el bosque de las alegorías, de los monstruos. Cada piedra encerraría un símbolo y, juntas, escalonadas en las elevaciones donde las habían arrojado y afirmado milenarios cataclismos, formarían el inmenso monumento arcano de Pier Francesco Orsini. Nadie, ningún pontífice, ningún emperador, tendría un monumento semejante. Mi pobre existencia se redimiría así, y yo la redimiría a ella, mudado en un ejemplo de gloria. Hasta los acontecimientos más pequeños cobrarían la trascendencia de testimonios inmortales, cuando los descifrasen las generaciones por venir. El amor, el arte, la guerra, la amistad, las esperanzas y desesperanzas… todo brotaría de esas rocas en las que mis antecesores, por siglos y siglos, no habían visto más que desórdenes de la naturaleza. Rodeado por ellas, no podría morir, no moriría. Habría escrito un libro de piedra y yo sería la materia de ese libro impar.Fue tan intensa, tan deslumbrante la impresión, que me olvidé de Zanobbi. Me encaminé hacia la fortaleza, dejándolos a Andrea y a él a la vera del arroyo. ¡Qué estupenda sensación me embargaba y qué lejos quedaban de su euforia las tentativas estéticas que hasta entonces había ensayado, el retórico poema vacío, las pinturas destinadas a repetir la gesta redundante de los Orsini! Esto sería mío, sólo mío, único. Sería mi justificación, mi explicación, la proeza excepcional, el rasgo de inspirado genio que ubicaría perpetuamente a Vicino Orsini en ese largo cortejo de los suyos que tanto le costaba seguir, arrastrando su pierna y su joroba, y que lo humillaba con su fastuosa violencia. Un libro de rocas. El bien y el mal en un libro de rocas. Lo mísero y lo opulento, en un libro de rocas. Lo que me había estremecido de dolor, de ansiedad, la poesía y la aberración, el amor y el crimen, lo grotesco y lo exquisito. Yo. En un libro de rocas. Para siempre. Y en Bomarzo, en mi Bomarzo. Las lágrimas me mojaban las mejillas. Sentí en los labios su salado sabor. Anchas nubes pasaban, desflecándose, esculpiéndose, sobra la masa ocre del castillo.
















